Su plateado rizo y su lánguida piel, estremecida por el paso de los años han hecho de ella todo un ser lleno de hermosura, una sabia terquedad que revelan un sin número de experiencias que se resaltan sobre sus ojos como dos altos faros en medio de la noche oscura y nublada. Sus recuerdos son extraídos de cada uno de los rincones de las viejas celdas que forman su memoria, algunos gastados, otros omitidos y otros simplemente olvidados, han hecho de ella una caja de grandes historias que han de revelar lo que su triste rostro le han traído en los años.
Josefina Bermúdez sonriente sobre uno de los rincones de la cocina, hace brillar cada uno de los pocos dientes que acompañan su sonrisa, tratando de demostrar felicidad, pero que su mirada revela la tristeza que cada uno de sus pequeños infantes a los que ella mismo dejo pasar como sus hijos y que hoy son solo un montón de robles viejos llenos de ramas trucadas, sobre una raíz que nunca echo una solida base porque en sus cimientos a ellos los rodeo el mal de la violencia, una historia más de maltrato y drogadicción de una las periféricas comunas de Medellín.
La señora Josefa dio un poco mas de preferencia a uno de sus críos, el joven Nicolás a quien acompaño en cada uno de los momentos más sobresalientes de su vida, fue ella quien tomo la primera fotografía del bautizo de su primogénito, a quien Nicolás adoraba enormemente, pues veía bajo la brillantez y el suave recorrido del agua en la cabeza de su crio, la descendencia de lo que en el lo rodeo su niñez. Josefa me conto que algún día cualquiera en una fiesta en la casa de su hermana a quien ella siempre amo profundamente dentro del límite fraternal, todos sus críos de los que me confesó no pertenecían a su descendencia sino a la de su seguida hermana Blanca Vanegas, de la que ademas fue la causa de los problemas a los que ellos enfrentan hoy, violencia y maltrato. Fue el día que ella por pocas veces sentía felicidad, su cuerpo se estremecía, su cara y sus grandes lentes brillaban con la eterna verdad de la felicidad y el amor hacia sus críos ahi, en una de sus celdas de viejos recuerdos donde esta la sombra de que en los 70s la buena educación y el respeto siempre fueron los ideales principales.
Yo tan solo soy un pequeño niño quien en los años 80s di mi primera babeada y soy quien junto con mi gran madre con la que me encuentro celebrando mi primer rito religioso del que no se si pertenezca, estoy contándoles a ustedes la historia de la GRAN Josefa Bermúdez… una mujer de pelo plateado y rizo quien acompaños 12 de mis largos años de vida, junto con mis cercanos parientes, hijos de mis tíos a quienes también ella con todo su amor crio y mantuvo a lo largo de este tiempo.